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Cabeza contra cabeza: el sorprendente comportamiento territorial de los linces ibéricos

Archivo - Lince ibérico.

Héctor Farrés

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A cabezazos. Literalmente. Como si fueran dos cabras montesas chocando por ver quién manda. Pero no eran cabras ni estaban en una pelea cualquiera. Lo que parecía un gesto de juego entre felinos se convirtió en una secuencia salvaje y desconcertante que descolocó incluso a quienes llevan años estudiando a los línces ibéricos. No fue una excepción, ni una rareza, sino algo que, quizá, simplemente no se había visto tan claro hasta ahora.

El vídeo, grabado en Castellar de Santiago, en Ciudad Real, muestra a un lince adulto y otro más joven dándose de frente como si pelearan por un puesto en la jerarquía. Fue filmado por Marta Vivar y Samuel Pérez, que habían salido al campo y, al encontrarse con los dos animales en actitud tensa, decidieron bajar del coche y sacar el móvil.

 ¿Saludo, juego o aviso serio?

Según contaron a la Agencia EFE, observaron que los linces se mantenían inmóviles, con las orejas erguidas y las barbas hinchadas. Pero lo que vino después no entraba en sus cálculos: “No imaginábamos nunca que lo que iba a suceder es que se lanzaran uno contra otro golpeando sus cabezas”.

Lo curioso no es solo la pelea en sí, sino lo que implica. Para Ramón Pérez de Ayala, responsable de conservación del lince ibérico en WWF España, lo importante del vídeo es que muestra un comportamiento apenas documentado entre ejemplares adultos en libertad. Según explicó también a EFE, hasta ahora los cabezazos se habían visto sobre todo entre cachorros, como una posible forma de saludo o juego.

Sin embargo, lo que ocurrió en este caso fue otra cosa radicalmente distinta. “Estuvieron durante un buen rato intercambiando cabezazos cada vez más violentos, chocando sus cabezas una contra otra, con unas brutales embestidas como si se tratara de dos cabras peleando”, detalló Marta Vivar.

Este tipo de enfrentamientos se entienden mejor si se tiene en cuenta que el lince ibérico es un animal solitario, muy territorial y con áreas de campeo claramente delimitadas. Cuando dos ejemplares se cruzan fuera del periodo de reproducción, la confrontación suele ser breve o meramente intimidatoria, pero en momentos de mayor tensión, como al inicio de la primavera, todo cambia.

El lugar donde se grabó no es casual: Castellar de Santiago forma parte desde hace años del área de reintroducción del lince ibérico en Ciudad Real. Allí se ha consolidado una población estable, lo que permite que haya más encuentros entre ejemplares que, como en este caso, acaban en algo más que un cruce de miradas. “Cuando lo subí a TikTok no pensé que le fuera a interesar a mucha gente, sin embargo, es sorprende cómo en apenas dos días suma ya más de medio millón de reproducciones”, explicó la joven.

Lo que más sorprendió a Pérez de Ayala es que este tipo de choque frontal podría ser más frecuente de lo que se creía. Recordó que hace un tiempo capturaron a un macho en Andújar con la cabeza en carne viva y que, en aquel momento, pensaron que era una herida de zarpazo. Viendo esta grabación, la hipótesis cambia: “Quizás esas lesiones fueran consecuencia de cabezazos”.

Los linces no suelen usar sus cabezas como principal herramienta ofensiva. Lo habitual es recurrir a zarpazos o mordiscos en caso de pelea. Por eso, que dos ejemplares se embistan de forma repetida, como si fueran ciervos en época de celo, resulta tan llamativo.

Linces territoriales, cada uno a su manera

Este tipo de confrontaciones pueden responder a múltiples causas, pero en época de reproducción las tensiones aumentan. Aunque el caso más viral hasta ahora había sido uno protagonizado por linces canadienses en Ontario, el motivo es parecido: el final de la temporada de cría lleva a los animales a reaccionar con más agresividad o, al menos, con menos filtros.

En aquella grabación canadiense, los linces no se golpeaban, pero lanzaban una sucesión de chillidos agudos y guturales, sin llegar al contacto físico. Luke Hunter, conservacionista de Panthera, explicó al medio Live Science que ese tipo de vocalización es común en felinos pequeños como mecanismo de intimidación.

Aunque no se podía confirmar el sexo de los ejemplares, Hunter sospechaba que se trataba de un macho intentando cortejar a una hembra que no estaba receptiva. Ambos medían sus movimientos en un intento de evitar una pelea directa, pero sin renunciar a sus intenciones.

La diferencia principal entre ambas peleas es que en este caso la pelea no fue sonora, ni incluyó maullidos prolongados o bufidos, sino que se resolvió a golpe limpio, con cabezazos secos y contundentes.

Que se haya grabado esta escena no significa que antes no ocurriera. Tal vez simplemente no había móviles encendidos en el momento adecuado, sobre todo porque los linces no se dejan ver con frecuencia. Y cuando lo hacen, no suele ser para saludar.

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