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Prepárense para sobrevivir de forma autónoma durante 72 horas. Es lo que pide la UE a los ciudadanos de 27 países. ¿Qué pasa? Nada todavía, pero puede pasar, dicen. Una guerra, una crisis climática, un ciberataque o un rearme que va a exigir un gasto militar nunca visto en la historia de la unión y que será más sencillo de llevar a cabo si una ciudadanía temerosa lo apoya. La vía rápida: que viene el coco.
Bruselas nos propone preparar un kit con agua, comida, medicamentos, algo que dé luz cuando la electricidad no exista y un elemento que nos permita estar informados, conectados al mundo exterior cuando la tecnología que posee nuestras vidas no funcione: un transistor. Es decir, cuando todo falle, tengan a mano aquello que la sociedad capitalista desprecia por básico, por barato, porque eso será lo que les salve.
Quizá más necesario que el kit de convencimiento ante el rearme, sea hacerse con un kit de supervivencia para el siglo XXI. Aun con el escenario geopolítico actual, corremos más peligro ante los ataques de nuestra propia mente que ante los del armamento de un país enemigo.
Algo pasa, nuestra acomodada vida no nos convence. Tenemos las necesidades vitales cubiertas; las accesorias, en la mayoría de los casos, también. Pero algo no marcha como debería. Una epidemia de ansiedad se extiende a nuestro alrededor como una mancha de aceite. Hay empresas en las que la inmensa mayoría de sus trabajadores se medican: ansiolíticos, antidepresivos… el nuevo pan de cada día. Se multiplican las bajas que se tratan como hechos aislados, como si fuera un problema individual. Fulanito está mal, Menganito ha petado. Tratamos la secuencia como si fuera un buscaminas pero parece más bien un efecto dominó.
Cuando ves caer a los fuertes, entiendes la dimensión del problema. Personas seguras de sí mismas, con convicciones, con capacidad de trabajo, con empatía… que acaban explotando como si todos esos pilares no fueran capaces de sostenerlos. El problema no es de uno, no solo es de cada uno, algo nos pasa como sociedad. Algo del modelo en el que nos movemos nos desagrada, nos descoloca, nos saca de nuestras casillas. Quizá por eso vivimos tiempos de auge negacionista, de nostálgicos de las dictaduras, de tiranos estúpidos aupados por votos suicidas, de gente cabal que se desestabiliza.
Estamos en peligro, tenemos que rearmarnos, pero no militar sino social y humanamente. Quizá esa debería ser la prioridad de la UE. Pero mientras se dan cuenta, creemos un kit que nos permita tener la mente clara, fuerte y estable. Como el que recomienda Bruselas, lejos de la sofisticación, busquemos cosas sencillas. Haga acopio de momentos de paz, de tiempo para divertirse, de espacio para hacer algo o nada con la gente que quiere, simplemente estar. Pregúntese por qué afrontamos los problemas vitales con mayor entereza que los que no lo son. Deje los del trabajo allí, en la taquilla. Vayan soltando presión para no llegar al nivel álgido de la olla exprés.
Si nos vemos en casa, encerrados por una emergencia grave durante 72 horas, algo tan básico como las ondas electromagnéticas van a ser nuestro único canal de contacto con el mundo. Piense cuál es su asidero cuando todo falla, su cable a tierra, identifique su transistor personal y téngalo a mano porque en cualquier momento tendrá que librar su propia guerra.
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