Los vecinos del norte de Córdoba no se fían del agua del grifo

Un año sin poder beber agua del grifo ha dejado secuelas entre los vecinos del norte de la provincia de Córdoba. Una inmensa mayoría sigue bebiendo agua embotellada, un año después de resuelto un problema sanitario que les dejó sin poder consumir lo que salía del grifo, un líquido verdoso afectado por la contaminación de su embalse principal (La Colada).
Un reciente estudio del proyecto I-CISK, un grupo de trabajo de la Universidad Complutense de Madrid, ha revelado el profundo impacto que el episodio de no potabilidad del agua de grifo ha tenido en los habitantes de la zona demostrando una persistente desconfianza hacia la calidad del agua corriente incluso después de que se levantara la prohibición de su consumo. La investigación, llevada a cabo entre junio y octubre de 2024 mediante encuestas a 700 residentes de la comarca, analiza las actitudes de la población tras un año de restricciones en el consumo de agua del grifo, entre abril de 2023 y abril de 2024.
La crisis se originó por la intensa sequía que azotó la zona entre 2017 y 2024, lo que llevó al vaciado del embalse de Sierra Boyera, la principal fuente de abastecimiento de agua para los municipios de Los Pedroches y el Valle del Guadiato, a excepción de Conquista. Para paliar esta situación, se declaró de emergencia la conexión del embalse de La Colada con la Estación de Tratamiento de Agua Potable (ETAP) de Sierra Boyera, una medida que entró en funcionamiento en marzo de 2023.
Sin embargo, el alivio fue efímero. El 17 de abril de 2023, debido a la mala calidad del agua del embalse de La Colada, con un alto contenido en carbono orgánico total, la Delegación de Salud de la Junta de Andalucía declaró el agua de grifo como no apta para el consumo humano. Un año después, las abundantes lluvias de la primavera de 2024 permitieron la recuperación de los niveles del embalse de Sierra Boyera, poniendo fin a la prohibición.
A pesar del restablecimiento de la potabilidad, el estudio revela un cambio drástico y duradero en los hábitos de consumo de agua. Antes de la crisis, el 60,4% de la población encuestada consumía agua de grifo, cifra que se desplomó al 15,1% tras el episodio de no potabilidad. En contrapartida, el consumo de agua embotellada se disparó del 25% al 72,6% de los encuestados.
La investigación identifica tres grupos de consumidores tras el fin de la crisis:
- Solo un 13,1% de los encuestados ha retomado el consumo de agua de grifo.
- Un 25% corresponde a consumidores habituales de agua embotellada, tanto antes como después del episodio.
- El grupo más numeroso, un 41%, está formado por quienes han pasado de beber agua de grifo a agua embotellada. Este grupo incluye a más personas mayores de 60 años.
El estudio también profundiza en las fuentes de información utilizadas por la población durante la crisis. Un significativo 34,6% se informó a través de redes sociales no institucionales, mencionando algunos la Plataforma Ciudadana Unidos por el Agua. Resulta destacable que un 52,6% de los encuestados declara no haber utilizado fuentes oficiales de información (ayuntamientos, administraciones, empresas de abastecimiento) durante el episodio de contaminación. Este porcentaje asciende al 57,4% entre los nuevos consumidores de agua embotellada.
La percepción sobre la información oficial recibida fue mayoritariamente negativa. Un 75,7% de los encuestados valoró como poco o nada adecuado el contenido, la frecuencia y los canales de comunicación utilizados por las fuentes oficiales. Esta insatisfacción fue especialmente pronunciada entre los nuevos consumidores de agua embotellada, de los cuales solo un 13,2% se mostró satisfecho con la información oficial. En contraste, un 44,6% de quienes retomaron el consumo de agua de grifo consideró la información oficial bastante o muy adecuada.
La confianza en el agua de grifo sufrió una pérdida generalizada, disminuyendo la puntuación media de 3,55 antes del episodio a 2,08 después (en una escala de 1 a 5). La mayor pérdida de confianza se observó en el grupo de nuevos consumidores de agua embotellada, cuya puntuación cayó de 4,09 a 1,61. Aunque el grupo que retomó el consumo de agua de grifo sigue siendo el que más confianza deposita en ella (con una puntuación de 3,44 tras la crisis), también experimentaron una disminución significativa desde un 4,30 inicial.
En cuanto a las causas de la contaminación del embalse de La Colada, la mayoría de los encuestados (60,7%) señala la inadecuada depuración de las aguas residuales urbanas. Otras causas mencionadas fueron los residuos ganaderos (47%) y, en menor medida, la sobreexplotación del acuífero (9,2%) y la sequía (5,7%). Curiosamente, quienes retomaron el consumo de agua de grifo atribuyen la causa a la inadecuada depuración de aguas residuales urbanas en menor medida (36,6%) que los nuevos consumidores de agua embotellada (62,9%).
Las conclusiones del estudio subrayan la fragilidad de la confianza de la población en la calidad del agua de grifo y la importancia de prevenir futuros episodios de no potabilidad, así como de mejorar la comunicación oficial durante estas situaciones. La persistencia de los cambios en los hábitos de consumo y la pérdida de confianza evidencian la necesidad de implementar estrategias para recuperar la credibilidad del agua de grifo y fomentar su consumo seguro. La mayoría de los encuestados consideró inadecuada la información proporcionada por los organismos oficiales, lo que pone de manifiesto la urgencia de mejorar los canales y contenidos de la comunicación en caso de incidentes. Asimismo, se destaca la necesidad de informar mejor a la población sobre los factores que afectan a la calidad del agua para abordar el problema de manera efectiva.
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