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Cerca de la mitad de los niños serán miopes en 2050: ¿nuestro estilo de vida nos está destrozando los ojos?

Una niña en una prueba oftalmológica.

Sofía Pérez Mendoza

25 de febrero de 2025 22:29 h

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La miopía avanza en el mundo. Si en la última década de los noventa el porcentaje de niños y adolescentes con esta afección de la vista era de en torno al 24%; en 2023 la cifra había escalado hasta el 36%, según un metaanálisis publicado en la revista British Journal of Ophthalmology en septiembre con datos de 50 países de todos los continentes. Las previsiones para 2050 no son muy halagüeñas: si todo sigue como está, el 40% de los menores, unos 740 millones, están abocados a sufrir este defecto de la visión que, de no frenarse, puede aumentar el riesgo de graves problemas como la ceguera, el glaucoma o la degeneración del vítreo.

Hasta hace no mucho se pensaba que la miopía, una afección que provoca que los objetos lejanos se vean borrosos porque el ojo es más grande de lo normal, solo respondía a la varita mágica de la genética. Los niños y niñas con progenitores con gafas tenían más papeletas para heredarlas. Más posibilidades de que su ojo focalice las imágenes erróneamente delante de la retina. Sin embargo, la evidencia científica se empieza a inclinar, con más dificultades que éxitos, hacia un nuevo paradigma: aunque la genética sigue siendo el elemento con más peso, el estilo de vida del siglo XXI no ayuda.

“Este aumento de prevalencia no se puede explicar porque hayan cambiado tanto los factores genéticos. Hay otros factores: los niños y niñas pasan menos tiempo al aire libre, más en casa y en el colegio, y están expuestos constantemente al uso de dispositivos electrónicos, para estudiar y para jugar. Se está estudiando mucho, pero hay heterogeneidad en los resultados”, señala Pilar Merino, presidenta de la Sociedad Española de Estrabología y Oftamología Pediátrica (SEEOP).

El estilo de vida hace que haya más niños miopes, pero también estamos viendo otras patologías de salud ocular que están creciendo: el ojo seco, tics, alergias o estrabismos que antes eran infrecuentes

Pilar Merino presidenta de la Sociedad Española de Estrabología y Oftamología Pediátrica

Pero la miopía no está igualmente repartida por el mundo. En países asiáticos como China, el porcentaje de chavales afectados al terminar la educación secundaria llega al 80%. En España no es tan elevada, ni en Europa, pero sí más que en América o que en África. “El estilo de vida hace que haya más niños miopes, pero también estamos viendo otras patologías de salud ocular que están creciendo como el ojo seco, tics de los ojos, alergias o estrabismos que antes eran infrecuentes”, advierte la oftalmóloga.

Un estudio recién publicado JAMA Network Open sugiere que el riesgo de miopía aumenta un 21% por cada hora de uso diario de las pantallas más allá de los primeros 60 minutos, según la revisión de 45 investigaciones diferentes en las que participaron 335.000 personas. Los científicos, liderados por Young Kook Kim, investigador de la Universidad Nacional de Seúl (Corea del Sur), hablan de una “pandemia” de miopía y considera que los hallazgos ofrecen “orientación” a los médicos.

“La relación entre pantallas y miopía parece real, pero sin incluir la actividad al aire libre y otros factores clave (factores genéticos, distancia a las pantallas, horario...), los resultados deben interpretarse con cautela”, advierte Sergio Recalde, profesor del departamento de Oftalmología de Universidad de Navarra a Science Media Centre España (SMC), aunque valora que se establezca por primera vez un “umbral de seguridad” de una hora. Ese es el problema de muchos estudios, coincide Merino, que miden las situaciones de riesgo por separado.

Miguel Ángel Sánchez Tena, profesor e investigador del Departamento de Optometría y Visión de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), considera que el problema no se produce tanto por el uso de pantallas, sino por obligar al ojo a hacer mucho trabajo de cerca, y coincide que el tiempo que se pasa al aire libre es un factor determinante. Reducirlo, como consecuencia de un ocio más sedentario, rema en contra de la buena salud ocular mientras dormir poco es otro elemento que está en estudio, “aunque no sabemos si es por el tiempo extra que se pasa con las pantallas y se resta de sueño”, concreta Sánchez Tena.

"La relación entre pantallas y miopía parece real, pero sin incluir la actividad al aire libre y otros factores clave (factores genéticos, distancia a las pantallas, horario...), los resultados deben interpretarse con cautela"

Sergio Recalde, profesor del departamento de Oftalmología de Universidad de Navarra

Una declaración de consenso firmada en 2023, impulsada por la Sociedad Mundial de Oftalmología Pediátrica y Estrabismo, confirma que el tiempo al aire libre es “efectivo para prevenir el inicio de la miopía, aunque aún no está claro si desacelera la progresión en ojos ya miopes” porque hay resultados en diferentes direcciones. Es decir, es un “factor protector”, como también apunta otro estudio en el que participó la Universidad de Navarra en 2022. “Sabemos que el sol disminuye el crecimiento del globo ocular”, puntualiza Merino. Una investigación llevada a cabo por científicos en Pamplona y Barcelona con 298 niños arrojó que la velocidad de crecimiento de la miopía se aceleró durante el confinamiento.

¿Los miopes son más miopes?

Es importante conocer cuántos niños y niñas tienen miopía, pero también cuántas dioptrías suman. ¿Los miopes son más miopes que antes? “Si empieza antes, tienes más años de evolución y te vas a plantar con 17 años con más afectación”, analiza Pilar Merino. No obstante, el problema está en la miopía no patológica: la que mantiene menos de siete dioptrías. A partir de ese límite la situación es potencialmente más seria porque puede derivar en otros problemas graves en los ojos. “En estos casos suele tratarse de una herencia recesiva con más genes implicados”, dice la oftalmóloga.

El metaanálisis publicado en 2024 acredita que en zonas urbanas, entre adolescentes y entre estudiantes de secundaria la prevalencia es más alta que en otros grupos. Aunque no hay que quitar importancia al problema porque haya poca afectación. “En ciencias de la visión decimos que cada dioptría importa. O sea, que si tu hijo tiene una no esperes a que tenga cinco para hacer algo porque nunca va a ir para atrás, pero se puede ralentizar”, apunta Sánchez Tena.

El investigador y su compañera Cristina Álvarez Peregrina se cayeron de la silla cuando un gran estudio publicado en 2016 auguró que la miopía afectaría a un 50% de la población en 2050. Ahí empezó una línea específica de investigación en la UCM que estimó por primera vez cómo iban a estar los niños y las niñas españolas en el futuro próximo. Si en 2024 se calculaba que un 19% de los menores entre cinco y siete años sufrían esta afección de la vista, para 2030 las previsiones se elevan al 30%, uno de cada tres. “Para evitar alcanzar esas cifras se deben proponer acciones que promuevan hábitos saludables entre los niños como pasar más tiempo al aire libre, disminuir el uso de dispositivos digitales y dormir más horas”, recomiendan en el Departamento de Optometría y Visión.

Los avances también permiten intervenir directamente sobre el ojo, según Sánchez Tena, para frenar el progreso con unas gafas de desenfoque que provocan que la imagen se forme en la periferia de la retina. Esto evita que el ojo se agrande tanto. Por otro lado, se usan unas gotas de atropina (un bloqueador de los receptores muscarínicos que están en la retina) que inhibe el crecimiento del ojo. “Hay tratamientos prometedores, aunque tenemos que observar si hay propensión al rebote si se pone en concentraciones muy altas o si hay efectos adversos”, zanja Merino.

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