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Tributo de Sangre

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9 de agosto de 1492:  

El recientemente nombrado Almirante de la Mar Oceana se encuentra en el recinto del Real de Las Palmas, a orillas del entonces río Guiniguada. Allí reza por la buena marcha del viaje hacia lo que él considera Las Indias mientras se repara el timón de la Pinta, que había sufrido daños en su trayecto desde Palos de la Frontera. Solo nueve años antes, Tenesor Semidán había doblado la rodilla ante los representantes de la Corona de Castilla. Los Reyes Católicos aprovechan la ubicación geoestratégica de sus nuevos dominios para utilizarlos como escala de cara a su expansión atlántica. 

24 de abril de 1678:  

Está vigente el monopolio comercial. Todo el comercio con América debe pasar obligatoriamente por el puerto de Sevilla, que se convierte en el único punto de salida y entrada de mercancías entre España y sus colonias.  

Esta restricción al comercio, que intenta amarrar en corto a través de la dependencia económica a las colonias de ultramar, acaba propiciando la expansión del contrabando, el debilitamiento del control español sobre América y el surgimiento de nuevas potencias comerciales. Mientras en España los gobernantes son “enemigos del comercio, como diría el gran Antonio Escohotado, Inglaterra pone todos sus esfuerzos en fortalecer la English West India Company y en hacerla competitiva frente a la Vereenigde Oost-Indische Compagnie holandesa.  

Los gobernantes españoles no acaban de entender y de asumir la expansión del sistema capitalista como un fenómeno potente e imparable, que ya palpita con fuerza desde hace siglos en el corazón de las pequeñas repúblicas comerciales de Venecia y de Génova (en el Mediterráneo) y en las ciudades de la Liga Hanseática (en el Atlántico), con Hamburgo, Londres y Brujas como máximos exponentes.  

Es un secreto a voces que el capitalismo ha venido para quedarse y para reinar sobre todo y sobre todos, como hace hasta el presente. Pero los sucesivos monarcas hispanos y sus cortes están muy ocupados, viven muy bien a base de un modelo de extractivismo de los finitos recursos naturales americanos y, por supuesto, del trabajo de sus súbditos.  

En este contexto, el rey Carlos II decreta el “Tributo de Sangre” en Canarias. Este decreto obliga a las islas a proporcionar una cuota de colonos para las nuevas tierras a cambio de obtener el derecho a comerciar directamente con las colonias americanas. Normalmente, los enviados eran de las clases más desfavorecidas y, en ocasiones, directamente eran elegidos por el Gobernador de turno para tan noble tarea. Se planteaba este tributo como una solución a un problema que Malthus calificaría como “excedente de población”. Visto desde el día de hoy, se diría que los canarios nos reproducíamos por encima de nuestras posibilidades.  

La monarquía española parece que tenía mala memoria en aquella época, pues el puerto que les sirvió para reparar el timón de la Pinta y abastecerse en su primer viaje a las Indias, no era lo suficientemente bueno para comerciar por sí solo con las colonias americanas. Debía de hacerlo pagando un tributo y, como no tenía recursos naturales lo suficientemente lucrativos, que menos que hacerlo en sangre y, por supuesto, sería la sangre de los de siempre, la sangre de los pobres, la que era transportada por decreto a las colonias. 

14 de febrero de 2025, Las Palmas de Gran Canaria: 

Aquí me toca de nuevo hacer equilibrios sobre el alambre para conectar la explicación anterior con la actualidad canaria, pero esta vez no lo voy a hacer. Voy a plantear solo algunas preguntas y dejarlas aquí para que el lector haga su propia reflexión: 

¿Sigue existiendo una migración forzada de parte de los canarios al exterior? ¿Canarias tiene libertad para comerciar sin restricciones con el resto del mundo? 

Como diría un abogado de un drama barato de Hollywood: No hay más preguntas, Señoría.

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