Nacho Prada, cantante de El Nido: “Esperamos que la popularidad de la música tradicional no sea efímera”

'Todos los grandes pasos se dan siempre lento'. Es un verso uno de los temas que componen La Constancia (2025), el segundo álbum de El Nido, quinteto burgalés que presenta el disco este viernes en Valladolid en la sala LAVA, que este mes girará por Galicia, Madrid y Zamora y que tocará en festivales como el Sonorama. Este disco, en el que colaboran artistas como Rozalén o Neomak, reivindica una mirada más personal con un sonido tradicional más experimental y eléctrico. Nacho Prada (Valladolid, 1993), compositor y vocalista de El Nido, explica cómo su música ha evolucionado en los últimos años.
¿Qué historia cuenta El Nido en la Constancia? ¿Cuál es el hilo conductor que tiene el disco?
El hilo conductor es la música de raíz de nuestra tierra, y cómo llevarla sonoramente a otro lugar. No es un disco conceptual, no narra una historia; el otro disco (Refugios a cielo abierto, 2022) narraba cómo volver al hogar, y este disco va más en torno a posicionar nuestra tierra desde otro punto de vista. Las letras de La Constancia hablan mucho más de los sentimientos comunes, del sentirnos grandes, de cosas que nos hacen fuertes como comunidad. Nos ha llevado mucho curro y estamos muy contentos, porque al final creemos que tiene sentimientos muy poderosos, mucha más energía que en el anterior; es un disco más eléctrico.
Es un homenaje también a las canciones populares, pero también de una manera más experimental, ¿qué os ha llevado a ese punto musical?
Sí, desde luego. Ha sido fruto de haber estado tocando. El disco anterior también te enseña, ¿no? Y tú vas cambiando y tienes cosas de diferentes maneras para probar, jugar y enriquecerte. Es muy importante haber hecho la canción con Rodrigo [Cuevas], ¿no? Que nos enseña otra vertiente, ahí, de nosotros mismos, ¿no? A partir de ahí, también hemos jugado y coqueteado con canciones populares en otra dimensión, y han volado hacia otros lugares, ¿no? Y el disco suena más a club, o a rock, o muy a folk en algunos momentos.
Al final, el disco sigue siendo a partir de esas músicas de tradición, ¿no? Y poder jugar y llevarlas a otro lugar que nos interesa y que nos moviese. Es un disco en el que he compuesto canciones alrededor de ritmos de rondas, de agudillos, de ajechaos, de charros, de jotas. Así que, por ahí, más o menos, transcurre.
El disco trata de hacernos ver todas las cosas que tenemos y que tenemos la suerte de tener en Castilla, pero también sus problemáticas
¿Y qué reivindica el nuevo disco? Los oficios, los pueblos, la soledad que a veces viven también, ¿no?
Sí, eso es, claro. El disco es como un punto de vista más personal, una mirada más personal de nuestra tierra, ¿no? Si el anterior era como una forma de regresar y de ver la belleza, este es de hacernos ver todas las cosas que tenemos y que tenemos la suerte de tener en Castilla, pero también las problemáticas y demás. O las cosas que poner en valor, ¿no? Lo que para eso Perdón o Lo Que Nos Hace Grandes son como los discursos más poderosos en ese ámbito dentro del disco.
Hay de todo, al final. Hay un momento para celebrar, ¿no? Como en La bienvenida... El agudillo, bueno, hay también reivindicación, ¿no? Digamos... como queja, ¿no? Y sentimiento de libertad, ¿no? A la hora de, de poder expresar, de poder cantar y un poco así.
¿Queja de qué?
No queja, sino... como agudillo. Agudillo al final es una canción como en la que nos hemos dado el permiso de, bueno, del poder decir cosas. O poder decir que queremos cantar sin que nadie nos oprima. No queríamos dar la sensación de que fuera como 'libertad de expresión', porque hoy en día está como muy tergiversado. Nos parece que la derecha ha copado ese discurso, ¿no? Y está como ahí.
Pero bueno, al fin y al cabo sigue habiendo cantantes que han ido a prisión a día de hoy en una democracia. Es una canción un poco reivindicativa en ese aspecto. De poder cantar, poder decir lo que queremos como artistas en ese momento. Tiene sus toques, habla de las cunetas y de muchas cosas que hay en nuestra democracia y que siguen ahí presentes. Es una canción un poco más guerrera. El discurso del disco anterior era como más... soft, ¿sabes? Más... pasionista, por así decirlo.

La música tradicional o que mezcla la música tradicional aunque sea con música electrónica y demás, está creciendo en los últimos años. No sé si es el nuevo indie, que crece sin depender de las grandes radios musicales, pero que sí tiene muchos seguidores.
Puede ser, sí... hombre, muchas de las propuestas están también cercanas a ese indie. No en el estilo, sino que son propuestas independientes. Y lo guay es que hay mucho público y que en muchas comunidades está muy en boga. Y la gente joven, que es lo que más mola, nos juntamos a bailar y a hacer un jolgorrio, una folixa, una foliada, lo que sea. Y ejercer una música tradicional, el baile y llevarlo a cabo. Y que cada proyecto musical luego aporte a su visión, que eso es lo guay, ¿no? Que no son todos como una copia y ya está.
Sí, porque si no se pierde, además.
Claro, la movida es esa, ¿no? Que no es como un beat y ya está. Y a cantar lo que cantaba... La señora, o la tía o quien sea, ¿no? Eso es el poder de este movimiento, que mueve a mucho público actualmente. Y eso es superpoderoso. Lo que esperamos, yo entiendo, todos, es que no sea una moda pasajera. Y que no sea algo efímero, ¿no? Al menos esa popularidad, digamos. Porque, evidentemente, la música tradicional, con la elaboración o todo, lleva muchísimo tiempo. Pero, bueno, esa popularidad con la que he crecido ahora mismo sería una pena que se perdiera, ¿no?
Hemos acabado grabando coros en el baño a través de una pared, los violines a través de un tubo de PVC para distorsionarlos... y muchas cosas muy frikis y muy locas
Y ¿cómo ha sido trabajar con Diego Galaz (Fetén Fetén, la MODA) y con Hevi (Novedades Carminha, Caamaño & Ameixeiras) como productores?
Ha sido un trabajo superchulo. Con Diego ya habíamos hecho el disco anterior y para nosotros es como nuestro hermano mayor. Nos sabe leer, nos complementamos superbién, ha firmado la gran mayoría del disco, pero también pensamos que podía molar tener un complemento. Y con Hevi habíamos hecho el tema con Rodrigo [Cuevas]. Nos había flipado la forma de trabajar a la hora de hacer sonar los temas y grabarlos de diferentes maneras.
Es muy loco, sabe llevar las cosas a un punto extremo. Y eso nos apetecía para algunas canciones. Ha sido muy satisfactorio poder hacer las cosas con dos productores que tienen perspectivas diferentes. Y acabamos grabando, yo qué sé, coros en el baño, a través de una pared, los violines a través de un tubo de PVC para distorsionarlos... y muchas cosas a nivel sonido muy frikis y muy locas.
Al final le da un sonido único al tema.
Claro, sí, sí. No deja de ser hacer un disco hecho por nosotros, tocado por nosotros, que no tiene samples, no tiene nada. Sigue siendo una fórmula para manifestar la música de una forma más acústica, pero hemos explorado con otros cacharros, pedales, formas de hacer sonar el violín que no sonara a violín y todo, ¿no? Un poco en esa línea... perrear la caja para que sonase de equis manera. Hemos intentado que avanzara un poco el sonido de la banda en ese aspecto y ahí han tenido mucha culpa Diego y Hevi, claro.
Utilizamos los cabezudos y otras cosas que tenemos en los pueblos, que forman parte de nuestra cultura y que están un poco dejadas de lado
La Constancia no solo es un disco, también tiene cierto peso el contenido audiovisual. ¿Qué pasó en Sada? ¿Qué historia cuentan los videoclips que integran todo el disco?
Lo grabamos completamente DIY. Sada es el pueblo de Eneko y Peio. Habla de esas cosas que nos hacen grandes, ¿no? Los cabezudos y las cosas que tenemos alrededor en los pueblos que forman parte de nuestra cultura y que están un poco dejadas de lado. Cada pieza es una fórmula de conectar todo el disco y termina con esa... Nuestros voces nos salvarán, con todo el pueblo, intenta reunir un homenaje a todas las personas que nos ayudan en nuestro día a día.

Sada nos acogió y nos permitió tener todos los materiales para darle imaginario al disco desde el rural y desde otra perspectiva, quizás, más industrial, o de trabajo. Fue una experiencia superguapa; cómo hicimos entre nosotros todo el imaginario visual del disco para las canciones. Y eso es muy poderoso.
Estás todo el día a mil, te pegas cuatro días en el pueblo de los de la banda, que trabajan en la agricultura, y manifestamos también que esa es una parte de la banda, y, al final, lo es. Mientras yo estoy aquí hablando contigo, ellos están ahí cosechando el maíz. Entonces, pues, es una parte de la banda también. Era nuestra forma también de honrarlo de alguna manera.
Con Refugios al Aire, tocasteis en unos 150 conciertos, dos años de gira... ¿Qué esperáis de esta gira?
Pues va en camino, ¿eh? Ya hay como más de sesenta fechas cerradas para este año, y quedan por cerrar. Esperamos gozar muchísimo, porque al final el disco tiene mucha energía. Ha sido ya la leche y esto ha sido solo el arranque. Con este disco ha crecido mucha energía y los pueblos son muy gozosos. Nos dio mucha alegría tocar tanto el disco de Refugios y bueno, no esperamos menos de este.
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