La clave honda de la valencianidad
“M’escolte endis i sent sang agitada.
Germans: la lluita es guanya a pes
de set molt fonda. Devallem on ella
és missatge; primer
comprometem-se anònima consigna:
‘tothom farà el que puga rumb al sostre
de la foscor present’“
Matilde Lloria, Almansa- València, 1960 ‘Per saber entendre’.
La distancia corta entre pluralidad y el espectro transversal señala la vía de la valencianidad. No puede ceñirse a las consignas que vienen de fuera. El valencianismo más que ser de naturaleza política reside en el deporte (fútbol, basket) o en las manifestaciones festivas (falles,romeries i fogueres). La valencianidad profunda trasciende sobre un cántico o hacia la victoria política. De igual modo que en los cuadernos de l’Esclat (1948) se afirmaba: “Asseguts al marge no es pot cobrir cap distància. Del silenci a la paraula va un abisme de peresosa ignorància. Un concert de llumenetes constans val més que un esgarip de flames sense to.” Del método jesuítico: discernir y decidir, se ha ignorado la primera fase de estudio y reflexión que precede a la decisión. La valencianidad incumbe a todos los vectores transversales. De la expresión plural del ideal depende la sutil línea que separa el fracaso del éxito.
Déspotas
Coincidiendo con dos cataclismos. Uno inmediato, en proximidad: las riadas que devastaron el 29 de octubre de 2024, desde aguas arriba, por Utiel, Chiva, Godelleta, Montserrat, Bunyol y Montroi, hasta las comarcas de l'Horta Sud y las Riberas-Alta y Baixa dejando 227 muertos, desolación y una convulsión política sin precedentes que toma el nombre de un pelele en manos de la ultraderecha: Carlos Mazón. El otro, internacional: la llegada al poder en la primera potencia mundial de un psicópata social que desestabiliza el precario consenso internacional y lo catapulta hacia el desconcierto de alineamientos– conflictos y naciones– con la significación de un magnate desquiciado: Donald Trump. Entre estas dos grandes corrientes que sacuden al País Valenciano y al mundo, peligra el sentido de coherencia e identidad de la valencianidad.
Desamparados
Desde bastante antes de la catástrofe de las riadas de octubre, la corriente que se conoce como valencianismo político entró en caída libre, claramente visible a raíz de los resultados de las últimas elecciones locales y autonómicas de mayo de 2023. Comicios que propiciaron los pactos entre el Partido Popular y Vox (Mazón se ligó con Vox antes de las votaciones) para detentar el poder con manifiesta voluntad reaccionaria e involucionista. En el paso al frente que protagonizan los empresarios hacia pronunciamientos políticos, destaca la acertada visión del patrón de patrones, Juan Roig. Al informar de las cuentas de su empresa, no pudo evitar dar su opinión acerca de la Dana que sacudió las comarcas al sur de la ciudad de Valencia en octubre de 2024 al manifestar: “Los valencianos nos sentimos desamparados el día 30 de octubre y siguientes”. Para redondear la idea, con alto sentido político, debería haber ampliado el alcance de su denuncia y debió reconocer: “como nos sentimos abandonados desde hace muchas décadas”. Por eso desde AVE, el lobby que inspira la Asociación Valenciana de Empresarios reivindica, después de otros intentos importantes para el País Valenciano: Corredor Mediterráneo Ferroviario, el replanteamiento y actualización de infraestructuras o la pieza angular que penaliza el presente y futuro del territorio y sus pobladores: la imprescindible financiación justa susceptible de ser reconocida, decidida y aplicada por la administración central del Estado, ahora en manos de Pedro Sánchez.
Errores
La causa del abandono y el desamparo que manifestó Juan Roig es política y requiere soluciones políticas. Viene desde la dictadura franquista, la nada feliz Transición a la democracia y los diversos gobiernos encabezados por el bipartidismo que se han repartido el PSOE y PP: Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo (UCD), Felipe González, José María Aznar, J.L. Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Los valencianos han de tener muy claro que la solución a sus problemas existenciales, como pueblo con voluntad de ser, nunca vendrán por parte de los partidos hegemónicos que rigen el Estado español. Después de la crisis económica de 2008 y del movimiento progresista que cogió forma en España en 2015, el País Valenciano vio en la Generalitat, en Valèncial ‘Cap i Casal’, junto con muchos ayuntamientos, la ascensión de mayorías escoradas hacia la izquierda y conformadas por PSOE y el partido de tintes valencianistas, Compromís (ahora Més Compromís). Esta última coalición compuesta inicialmente por el Bloc Nacionalista Valencià (consistente, organizado y de larga trayectoria)- Iniciativa de Mónica Oltra (escindido de Izquierda Unida (IUPV)- Els Verds (ecologistas). El conglomerado bajo la marca Compromís ha quedado difuminado en la coalición Sumar. Entente resultante más de la ideología derivada de planteamientos comunistas y nada hacia la panorámica territorial, con el foco en el País Valenciano. De aquí sólo quieren los votos.
Atomizados
El desamparo que siente Juan Roig seguirá ocurriendo mientras que los valencianos sigan a merced de formaciones políticas hegemónicas con vocación estatal: Partido Popular (PP de España) , Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y las diferentes variantes derivadas del antiguo Partido Comunista de España (PCE). Se da la circunstancia de que las dos facciones situadas a la izquierda del PSOE: Podemos y Sumar, pasan por dificultades de descrédito de sus cuadros dirigentes (Pablo Iglesias – chalé de Galapagar–, Irene Montero --la heredera con suerte–), Errejón, Monedero), confusión existencial, animadversión inter pares y encarnizada lucha por el poder para idéntico segmento electoral. En cuya idiosincrasia internacionalista no caben los agravios territoriales ni la visión de País Valenciano, que muchos de ellos no conocen ni saben dónde comienza ni dónde acaba. Por ese camino, ni por la derecha ni por la izquierda, se puede confluir en una encrucijada que permita solventar el quejido que ha emitido el máximo representante empresarial de los valencianos: Juan Roig.
Oportunidades perdidas
No es cierto que siempre haya sido así. En los últimos tres años los valencianos con vocación de serlo han pasado, sin pena ni gloria, de tres centenarios importantes: Joan Fuster Ortells (1922-1992), Vicent Andrés Estellés (1924-1993) y Vicent Ventura Beltrán (1924-1998). Tres ‘homenots’ coetáneos imprescindibles, cuya obra y trayectoria personal podría haber ocasionado un aldabonazo de valencianidad que puede considerarse transversal. Tres oportunidades perdidas a añadir a la larga lista de frenazos, encontronazos y fracasos en el devenir de la sociedad civil valenciana, si por fín se aplica esta consideración sociológica con propiedad. Fuster, el intelectual de Sueca más relevante en la cultura valenciana del siglo XX. Estellés, el poeta de Burjassot más prolífico y reconocido dentro y fuera de nuestras fronteras y Ventura, el activista valenciano de Castelló de la Plana, más interconectado y con mayor predicamento desde la posguerra de los tres años (36-39), en la denominación que prefería para este periodo trágico y desgarrador para el País Valenciano. De Ventura se han publicado dos libros póstumos que recogen momentos y circunstancias por él vividas que merecen lectura atenta, “L'ofici que em furtaren, La transició amb ulls de periodista” editado por Francesc Bayarri en el Magnànim y escrito por Ventura. El segundo, describe su época a través de entrevistas escogidas que se le hicieron en el transcurso del tiempo: “Paraules de un demócrata. Entrevistes, 1960-1993” editado por Adolf Beltrán en Afers.
Civil e interclasista
A pesar de que puede provocar controversia la significación de Fuster, Andrés y Ventura es sobre todo civil y transversal, muy útil para los planteamientos que parece defender el amo de Mercadona Juan Roig. No hay que equiparar el recorrido de estos tres personajes imprescindibles para conocer el siglo XX valenciano y orientar lo que se quiera hacer en el siglo XXI para salir del atolladero. No son los únicos casos de trayectorias vitales de enjundia. Puestos a tratar la distinción entre tres biografías de tres amigos, Fuster y Ventura, distantes en la metodología del conocimiento y complementarios en los objetivos, constituyen piedras angulares para entender la confluencia entre la actividad intelectual y la abrumadora humanidad de quien aunó empresa, relaciones económicas, proliferación de conexiones y eficacia de quien dicen que fue, sobre todo, político y finalmente periodista vetado en su tierra. Andrés Estellés, fue periodista de oficio y poeta laureado en tiempos convulsos en los que la toma de partido resultó cara y la poesía sirvió de válvula de escape en los modos de pensar, de vivir y de ejercer en política.
Pluralidad
Visto lo que ha sido el devenir de la valencianidad en política, en el concurso de las ideas y a la hora de actuar en conciencia y de cara a su futuro, para que el País Valenciano consiga superar el desamparo y el ostracismo que lo han convertido en tierra de nadie con posibilidades, casi probables, de ser “liderado” por oportunistas (Zaplana, Olivas), títeres (Camps, Mazón) y dóciles (Ximo Puig) a las órdenes que emana Madrid. Si son ajenos al sentir de la gente y del territorio sólo parece que existen dos posibilidades: la pluralidad y la transversalidad. El liderazgo de la causa valenciana ejercido por don Joaquín Maldonado Almenar –presidió el Ateneo Mercantil de València y la Sociedad Económica de Amigos del País, Medalla de oro de la ciudad de València y de su Cámara de Comercio––, desde la óptica conservadora apenas si se han podido contar con los dedos de una mano los componentes (José Antonio Perelló Morales, la excepción) de ese estamento que han entendido que el País Valenciano no es beato ni puede permanecer anclado en la defensa a ultranza de los intereses patrimoniales ni temeroso del la confiscación fiscal. El problema grave del modelo económico valenciano en todas sus modalidades no es la carga impositiva sino la productividad y la competitividad de las empresas y servicios. La defensa medioambiental a la luz de los acontecimientos hay que darla por descontada. Los derechos sociales del estado del bienestar no son avances sólo autonómicos y españoles, sino que obedecen al acervo europeo que hoy está amenazado por el presidente norteamericano Donald Trump y por el agresor Putin, nuevo zar autoritario lanzado a la rapiña de lo ajeno sin respetar statu quo alguno ni las reglas de juego de la convivencia internacional.
Transversal
La política valenciana está necesitada de la personalidad propia de la que se distancia. No puede depender de formaciones políticas que tengan sus centros de decisión alejados del País Valenciano. Y para ser eficaz ha de ser plural –obedecer a ideologías y posicionamientos sociales diferentes- y en su defecto: transversal, para primar los intereses políticos, económicos, culturales, institucionales, sociales y medioambientales sobre las visiones supraterritoriales y generalistas. Las que han acabado siempre por ningunear y perjudicar los intereses de los valencianos a los que se les ha colgado el sambenito de vivir en la abundancia del Levante feliz. Cuando la realidad sitúa a los valencianos por debajo de la media española en la mayoría de magnitudes. Catalanes y vascos tienen sus diversos observatorios cerca del poder central del Estado en Madrid: Foment, Pimec, La Vanguardia. Quienes detentan el poder económico se rascan el bolsillo para financiar sus oficinas y delegaciones de influencia. Para que actúen como grupos de presión con plenos poderes y eficacia comprobada. Si no tenemos muy claro lo que hay que hacer, al menos copiemos bien. Al copiar tratemos de superar a los más competentes y eficaces. El País Valenciano será plural o no será.
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