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Cuando la Economía Social pierda su apellido, y la capitalista lo tenga

Existen diferentes propuestas alternativas a la economía capitalista, pero sin duda, la más longeva es la Economía Social. Su primera forma empresarial fue la cooperativa, allá por el año 1844, cuando veintiocho tejedores de Rochdale, en Inglaterra, reunieron sus ahorros y alquilaron un local, en el que se creó la primera cooperativa, llegando a tener más de 90.000 socios trabajadores.
Su ejemplo se extendió y, a partir del asociacionismo de los trabajadores, aparecen cooperativas sobre mediados del siglo XIX por toda España, desde Mataró a Jerez. Ya en el siglo XX, se acuña el término Economía Social que sirve de paraguas para hacer referencia al cooperativismo y a otras organizaciones como las mutualidades, las fundaciones y las asociaciones que realizan alguna actividad económica.
El ADN de la Economía Social está en sus principios fundacionales. El primero de ellos es la primacía de las personas y del fin social sobre el capital. Esto se traduce en una gestión democrática, transparente y participativa, donde la participación en las decisiones no se fundamenta en el dinero que cada uno ha puesto en el proyecto, si no en su aportación al trabajo.
Lógicamente, la sostenibilidad de la organización requiere obtener recursos económicos, que se destinan a la retribución de las personas que trabajan y al propósito social para el que se ha creado la organización, por ello el beneficio se convierte en un medio. A esto, se une su independencia explícita de los poderes públicos. Asimismo, la solidaridad está presente, tanto de forma interna como con la sociedad, que se plasma en un fuerte compromiso con aspectos como la calidad del empleo, la conciliación familiar, la igualdad de género, o a la atención de personas en riesgo de exclusión social y el arraigo con el territorio. Estos principios rectores de la Economía Social son los que han permitido, entre cosas, que estas organizaciones hayan sido más resilientes durante las dos crisis del siglo XXI.
En España, la economía social representa el 10% de su PIB, cuenta con más de 746.000 empresas y da empleo a más de dos millones y medio
La Economía Social está presente en todos los sectores, desde la medicina a la enseñanza, pasando por la energía o la agricultura, y prácticamente en todos los países. En el caso de España, la economía social representa el 10% de su PIB, cuenta con más de 746.000 empresas y da empleo a más de dos millones y medio de personas (datos de CEPES), y en el caso de Andalucía se eleva hasta el 15% del PIB y el 7,8% del empleo (datos de la Junta de Andalucía). Para que se hagan una idea comparativa, el sector turístico en España en 2024 ha representado alrededor del 13,5% del PIB. ¿Cuánta información nos dan los medios de comunicación del turismo y cuanta de la Economía Social? Y ¿por qué se le pone el apellido de “social”?
También es la gran ausente en la educación. En la Universidad (al menos en la mayoría de los países occidentales), se explica Economía (capitalista) sin ponerle su apellido correspondiente y el modelo se fundamenta en principios diametralmente opuestos a los de la Economía (social). En las aulas se explica que el objetivo de la empresa es maximizar los beneficios, sin que esa función (matemática, por cierto) entren como variables el interés general o el desarrollo sostenible.
Además, el salario que recibe el trabajador es un “coste”, que cuanto más reducido sea, redunda en mayores beneficios, que es, como hemos dicho el único objetivo de la empresa. Por último, el papel del consumidor es generar ingresos, es decir es un medio para la acumulación de beneficios. Los valores éticos que hay detrás no se hacen explícitos, pero sin duda son claros, todos (trabajadores, proveedores, consumidores, naturaleza) son medios para el fin último, el lucro.
No estoy afirmando que las empresas no tengan que ganar dinero, lo que estoy diciendo es que todo lo demás se pone al servicio de este único fin. Además, la Economía Social es la gran ausente de los temarios, prácticamente se le dedica una página en derecho mercantil y, en algunas universidades, sólo en algunas, existe una asignatura optativa dedicada a su estudio.
Espero que algún día la Economía centrada en las personas no requiera ningún adjetivo, y tengamos la capacidad de identificar claramente que es la economía “capitalista”
La economía es una ciencia social, y en su definición mas escueta es el estudio de como una sociedad se organiza, para la toma de las decisiones sobre sus recursos y para satisfacer las necesidades de las personas. Por ese motivo me parece redundante que se le añada el apellido “social” para referirse a aquellas organizaciones que ponen en el centro a las personas, y a la sostenibilidad de la vida en general; y por el contrario, no se haga explicita la naturaleza “capitalista” de las organizaciones, donde también hay relaciones sociales, pero de explotación. Espero que algún día la Economía centrada en las personas no requiera ningún adjetivo, y tengamos la capacidad de identificar claramente qué es la economía “capitalista”.
Para conseguirlo, cada uno tiene que aportar su grano de arena, y sin duda la educación juega un papel fundamental, no sólo universitaria sino desde primaria. Alguien puede pensar, “esto es adoctrinamiento”. Desde mi punto de vista, afirmar que el papel de la empresa es maximizar beneficios, y que dicha afirmación está libre de “juicios”, sí que es lo es. En las dos hay valores éticos, la diferencia es que la propuesta de la Economía Social promueve el bien de todos, y el de la Economía CAPITALISTA, con mayúsculas, el bien de los propietarios del capital.
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